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ensayos para una vida

Los muertos de mi felicidad

Desde que el mundo es Mundo, los ritos funerarios han recreado la visión que tiene cada colectividad de la religión y la muerte,  cumpliendo  una función psicológica y sociológica muy importante. La cuantía y duración, como en casi todo, suele estar relacionada con la cuantía del muerto, porque en estos menesteres, como en casi todo, también hay clases y clases. De eso sabían mucho los egipcios, y aquí un personaje pequeño con bigote.

Mausoleos aparte, aquí entre nos, yo soy muy de Todos los Santos, pero de esos de antes; que ahora con tanta cremación y donación a la ciencia, pues ya no es lo mismo. Esos otoños pasados de madrugar y ace0a9a42d0e425883e5fcfe2ede16644aompañar a mi abuela al cementerio, con las bayetas, el jarrón y las flores. Y que no lloviera, que entonces las manos no llegaban. Ese ritual de limpiar el nicho, besar la foto, escalera pa arriba escalera pa abajo. Acicala el ramo, la niña a la fuente a llenar el jarro, esos cipreses meciéndose entre lamentos, oraciones y mármol frío. Y ahora niña a ver a los abuelos. Que si algo tienen las abuelas, aparte de arrugas y años, son muertos.

Realmente no soy de lutos, pero sí de duelos. Y paseando entre las losas que han cambiado el gris por la primavera en Noviembre, respiro la historia que encierra cada nombre y cada fecha.  Y flotan los recuerdos o los imagino; o la abuela cuenta, ternura en las manos, aquello que yo ya he vivido pero desconozco que he vivido, y que si ella no existiera, se hubiera quedado en penumbra.

Es muy fácil amar a los muertos. Y es que, mientras los muertos piden tan solo que se les recuerde, los vivos exigen atención constante. Los muertos se conforman con habitar el mundo de los sueños. Los muertos no mienten, no molestan. Tampoco se enfadan, ni envejecen; los muertos no traicionan, los muertos no cambian. En ellos está nuestro origen; y en ellos culminará nuestra vida. Los muertos de mi felicidad.

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